Prólogo del autor
Cuando decidí escribir “El libro perdido de Arzel”, me sumergí en un basto universo de fantasía, que tomé como propio desde la primera página escrita. Mis estudios sobre Grecia y el Imperio Romano, fueron una inspiración para escribir las grandes batallas que suceden en este microcosmos imaginario.
“Arzel”, no es un libro que se enmarca en una edad predeterminada. Siempre pienso que la fantasía deja de ser como tal, cuando cobra vida en nuestras mentes. En mi caso particular, al ser el escritor, pude sentir desde el primer día la frescura del agua que corre por el río Núdis, las omnipotencia de las cordilleras del este, el sonido de las hojas danzando con el viento en los grandes bosques centrales, y el miedo a los ejércitos mords con su pesada marcha, sus insultos y gritos. Primero, fue una idea que daba vueltas en mi ser, para convertirse en un relato, y luego, en realidad para mi mente.
Sin intenciones de ingresar en un estudio filosófico, recuerdo que Descartes decía que la vigilia no puede distinguirse nunca del sueño con indicios ciertos. Como hombre de ciencia, debía buscar la verdad ante todo, y decidió dudar de las cosas sensibles e imaginables. Llegó a la conclusión de que algunas veces había tenido sueños que son, por sus cualidades, semejantes a sus percepciones óptimas (en vigilia). Si algunas veces había tenido sueños que son, por sus cualidades, semejantes a sus percepciones óptimas (en vigilia), afirmó que no podía distinguir con certeza entre sus percepciones óptimas y sus sueños.
Cuando me siento a escribir, pese a que mis ojos están clavados en el monitor observando el surgimiento de letras que forman palabras y oraciones, dentro de mi mente sucede algo mucho mas profundo que mi prosa no define. Seguramente es lo que siente todo escritor y todo lector. Esa fantasía que relato, vive dentro de mí… Descartes dudaba del sueño y la vigilia… dudaba de la realidad. Me alegra pensar que la fantasía, que tanto nos atrae, pueda llevarnos a un mundo diferente de sueños, que tal vez, se crucen con la realidad… Tal vez mi Ospition sea muy semejante a Alejandro Magno, Arzel se parezca a Sócrates, o la gran ciudad de Calípodos nos recuerde a Atenas… pero sin embargo, es otra realidad a la que existió, y es la realidad que el lector va a crear en su mente, que tal vez sea diferente a la mía… es tan relativa la realidad que pensamos y armamos comparada a la de otro ser, que es un regocijo especular en los distintos mundos que cobrarán vida dentro tuyo.
Hernán Antonio Acosta
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